Mbappé, Bellingham y Vinicus @realmadrid
El Real Madrid atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. A su deficiente nivel futbolístico, traducido en un segundo año consecutivo en blanco; se suma el ambiente hostil que se vive en el vestuario madridista
En las últimas horas, tres altercados han evidenciado la tensión que se vive de puertas para adentro en Valdebebas. Primero fue el supuesto «tortazo» que Rüdiger le dio a Carreras (confirmado en cierta parte por el canterano blanco); después, el insulto de Kylian Mbappé a un miembro del staff de Arbeloa por señalarle un fuera de juego en un entrenamiento; y, finalmente, Tchouameni y Valverde habrían puesto la guinda al pastel con un encontronazo que, según informa Marca, casi llega a las manos el miércoles y acabó con Valverde en el hospital este jueves.
Todo ello, cabe recordar, a pocos días de disputar un Clásico que puede terminar de sentenciar LaLiga en favor del FC Barcelona.
Un Real Madrid a la deriva
La situación es insostenible y, sin lugar a dudas, la mejor noticia en clave madridista es que la temporada, a nivel de clubes, está a punto de acabar. Es evidente que si los futbolistas, el cuerpo técnico o incluso la directiva pudieran dar por concluida la presente campaña en estos momentos, lo harían sin titubear.
No obstante, por respeto a la entidad que representan, la plantilla merengue debe dar una imagen en estos últimos partidos sin trascendencia.
Es absolutamente inaceptable que futbolistas del club más laureado de la historia estén fingiendo lesiones para llegar frescos al Mundial; se vayan de vacaciones en mitad de la temporada; o protagonicen altercados como los mencionados anteriormente.
Tras la marcha de Ancelotti y el fracaso de Xabi Alonso en el banquillo merengue, la gran mayoría apuntaba a un problema futbolístico, pero la crisis blanca va mucho más allá. Se trata de un problema de equipo, de vestuario.
La falta de hambre de ciertos futbolistas, la lucha de egos entre las estrellas, la elección de partidos a la carta y el sentimiento de superioridad de los jugadores con respecto a sus entrenadores y el propio club hace que el Real Madrid, en estos momentos, se tambalee en la cuerda floja.
