El conjunto blanco volvió a evidenciar ante el Betis que su enorme talento individual no basta cuando falta una idea de juego, mientras Arda Güler se consolida como el futbolista que más claridad aporta al equipo.

Desde la llegada de José Mourinho a Valdebebas son cientos, miles e incluso me atrevería a decir que gran parte del madridismo quienes creen realmente que ha llegado un cambio de actitud al 15 veces campeón de Europa. Dejadme deciros algo: no ha sido así.

El Real Madrid no terminó el mercado como debería haberlo hecho. Hay jugadores que no dan todo por el escudo y otros que, por mucho que den, no tienen un sitio asegurado en el equipo. Y mientras tanto, las carencias que ya se veían antes del cierre del mercado siguen estando ahí.

Ayer, el conjunto de José Mourinho fue superior al Real Betis de Manuel Pellegrini. En gran medida, esa afirmación es cierta, aunque ni el resultado ni, sobre todo, el juego terminen de reflejarlo. El Real Madrid realizó 20 disparos y ocho de ellos fueron a puerta, pero volvió a dejar la sensación de que le cuesta demasiado convertir su dominio en verdadero peligro.

Eso sí, en cuanto a juego, llegadas y presencia ofensiva, hubo tramos en los que no hubo color. Los blancos encontraron en la banda de Vinícius su principal vía de ataque durante prácticamente todo el encuentro. Es por ahí por donde más daño consiguen hacer, aunque mucha gente critique al brasileño —y con razón—. Ayer no fue su día. Vinícius no tenía por qué disputar los 90 minutos en Sevilla. No estuvo bien y Mourinho tiene que entender que también hay jugadores en el banquillo capacitados para cambiar el rumbo de un partido.

El Madrid domina, pero no convence

Diomande jugó a pierna cambiada mientras Güler terminó en el banquillo. El turco tenía una amarilla y es cierto que el árbitro le perdonó la segunda. Pero también es cierto que este chico de 21 años se ha convertido en una pieza fundamental para el centro del campo madridista. Es, salvando las distancias, lo más parecido que tiene actualmente el Real Madrid a aquellos Kroos y Modric que durante tantos años hicieron funcionar al equipo. Cuando ellos se iban, el equipo lo notaba. Con Güler ocurre exactamente lo mismo.

Y hablando de Diomande, estamos ante un chico que no tiene ninguna necesidad de tener prisa. Se está adaptando, juega en el mejor club del mundo y tiene toda una carrera por delante. Pero tampoco podemos olvidar lo que costó. Es el fichaje más caro de la historia del Real Madrid. Es normal que exista presión y también es normal que muchos aficionados quieran exigirle desde el primer minuto. Lo que no podemos olvidar es que el jugador no tiene la culpa de lo que se haya pagado por él.

Somos muchos los que pensamos que ese dinero podría haberse destinado a otra posición, concretamente al centro del campo, donde faltan soluciones y donde este Real Madrid tiene uno de sus principales problemas. Y decir esto no significa menospreciar a Yan Diomande. En lo poco que ha jugado ha dejado detalles de calidad y, personalmente, todavía no le he visto perder una pelota de manera preocupante. Le pediría, eso sí, que se atreviera más, que encarara y que perdiera el miedo. Que hiciera más cosas por iniciativa propia, como hace Vinícius. Porque ese miedo es precisamente una de las batallas que tiene que ganar.

Espí, el delantero que el Madrid necesitaba

Y luego está Carlos Espí.

Qué decir de él. Jugadorazo. De esos de los que se habla poco, pero que valen mucho. Se deja todo por el escudo, pelea cada balón y tiene algo que este Real Madrid necesita: gol. Es un killer. El nuevo Joselu. Un delantero capaz de aparecer cuando el equipo no encuentra soluciones y necesita a alguien que meta el balón dentro.

Tenía que haber entrado antes al partido, sin ninguna duda. Pero el bueno de Mou esperó hasta que el Betis se adelantó en el marcador. Aun así, no culpo de nada al portugués. Es más: si este año el Real Madrid no gana nada, como creo que sucederá, ni los nuevos fichajes ni el nuevo entrenador tendrán la culpa de todo. El problema viene de más atrás.

Este Real Madrid tiene muchísimo potencial. Diría que, en cuanto a nombres, es el mejor equipo del mundo sin ninguna duda. Pero cuando empieza el partido, todo cambia.

No hay juego. No hay continuidad. Y, en determinados momentos, tampoco parece haber ganas.

Bellingham está desaprovechado. Valverde también. Y acabas dejando prácticamente todo en manos de Arda Güler, que, para mí, es el único que entiende ahora mismo cómo jugar al fútbol que necesita este Real Madrid. No comentaré demasiado sobre Camavinga. Sus números ayer hablan por sí solos: ganó solo uno de cinco duelos y, a la hora de generar juego, su aportación fue prácticamente nula. A día de hoy, su rendimiento no está al nivel que exige el Real Madrid.

Mucho nombre, poco fútbol

Y aquí es donde aparece el Barcelona.

Si creo que el Barcelona es favorito para ganar esta Liga es, principalmente, por el juego. Y no hablo del famoso tiki-taka ni de una obsesión por recuperar un estilo que, en realidad, ha desaparecido casi por completo. Hablo de algo mucho más básico: asociarse con el compañero, mover al rival, cambiar el juego, buscar paredes, ejecutar jugadas ensayadas y ofrecer líneas de pase.

Hablar de fútbol.

Eso, desgraciadamente, no existe hoy en el Real Madrid.

Y eso no significa que el Barcelona tenga mejores jugadores. No los tiene. El Real Madrid tiene talento de sobra para competir contra cualquiera. Pero el fútbol no se gana únicamente con nombres. Se gana jugando. Se gana entendiendo qué hacer cuando tienes el balón. Se gana sabiendo cómo atacar a un rival que está cerrado. No se gana únicamente con un pase a Mbappé y a correr.

Al Madrid le falta un plan

Si el Real Madrid consigue, con los jugadores que tiene en la plantilla y en la cantera, darle la vuelta a todo esto y empieza a jugar al fútbol que puede jugar con semejante plantilla, no tengo ninguna duda de que será candidato a todo.

El problema es que, si no lo hace, seguirá ganando partidos de Liga gracias a su enorme calidad individual hasta que llegue un equipo de talla Champions y obligue al conjunto blanco a demostrar algo más. Y ahí es donde veremos realmente de qué está hecho este equipo.

Porque este Real Madrid necesita cambios.

A mi parecer, algunos llegan tarde. Hace apenas cinco días que se cerró el mercado y durante semanas la afición pidió un centrocampista. Un nuevo Kroos. Un futbolista capaz de ordenar el equipo, darle sentido a las posesiones y hacer que los demás jueguen mejor.

No se hizo caso.

Y, para colmo, el eterno rival terminó llevándose una de las alternativas que podían haber reforzado esa posición.

Ahora ya no hay mercado que valga. Toca trabajar con lo que hay. Toca confiar en Mourinho, en los jugadores y, sobre todo, en aquellos que pueden cambiar la dinámica del equipo.

Confianza a muerte en este Real Madrid, siempre.

Pero confiar no significa cerrar los ojos. Hay problemas que todavía tienen solución y otros que, por desgracia, ya son demasiado tarde para arreglarlos. Lo único que queda es demostrar sobre el césped que todo este talento puede convertirse, de una vez por todas, en fútbol.