El delantero valenciano volvió a ejercer de killer en el minuto 90 para rescatar al Madrid, que fue de más a menos ante un Elche con 772,7 millones de euros menos de presupuesto.
Muchos creen que hablar del presupuesto es una tontería, pero ni mucho menos. Sí, son once contra once. Sí, hay dos entrenadores. Sin embargo, la diferencia institucional y económica entre ambos clubes es abismal. Y, precisamente por eso, el Elche puede sentirse orgulloso de haber firmado un señor partido, con un fútbol que da gusto ver.
Lo del Real Madrid roza el ridículo. Ya lo advertí hace unas cuantas semanas y, para quien entienda mínimamente de fútbol, la segunda parte dejó una imagen preocupante: once jugadores sobre el césped, pero no un equipo. Nadie presiona, no hay movimientos coordinados y el Elche se pasea por el área madridista con una facilidad impropia de un rival de estas características.
No hay nadie al mando del barco. Y Mourinho no consigue cambiar la dinámica de un Real Madrid que está igual —o incluso peor— que la temporada pasada, aunque muchos se empeñen en pensar lo contrario.
Una noche que comenzó torcida
Todo empezó antes del minuto uno. Kylian Mbappé, Vinícius Júnior e Ibrahima Konaté, con nombres y apellidos, se habrían negado a ponerse una camiseta de apoyo a Ceuta. Más allá de las razones individuales, la situación vuelve a evidenciar un problema de fondo: qué ocurre cuando determinados futbolistas parecen situarse por encima del club.
Lo de Vinícius resulta especialmente extraño, aunque ese no es el asunto principal de este análisis. Lo importante es que el episodio alimentó, desde el inicio, el enfado de un madridismo que empieza a estar mentalmente agotado con este equipo.
Aquí entran cuestiones de patrocinio, negocios y otros intereses, pero no es el momento de analizarlos. Simplemente forma parte del malestar que rodea actualmente al Real Madrid.
Espí vuelve a aparecer cuando más falta hace
Carlos Espí volvió a ser soberbio. El delantero valenciano apareció otra vez en el tramo final y marcó el gol que permitió al Madrid llevarse los tres puntos. También es una alegría inmensa que Endrick vuelva a tener minutos, aunque resulta difícil entender la gestión que se está haciendo con un jugador que estaba rindiendo bien durante su cesión y que ahora parece condenado a disputar los últimos minutos de los partidos.
En los últimos minutos era necesario apostar por una doble delantera, y por eso Mourinho decidió juntar a Espí con Endrick. Pero ahí está precisamente el problema: cuando no hacen falta dos delanteros, Endrick parece quedar relegado a un papel muy secundario. Sin sentido para un chico tan jóven.
Contra el Elche te sirve. Contra el Espanyol también. Pero cuando llega un rival de mayor exigencia, como el Betis, la fórmula deja de funcionar. Y no hace falta enfrentarse a un equipo de primer nivel europeo para que el plan se desmorone.
En Sevilla, justo después de que el Betis marcase, Mourinho introdujo inmediatamente a Espí en el terreno de juego. Allí no pudo rescatar al equipo. En Cornellà sí. En Elche, también. Pero no siempre va a funcionar. Y ahí la responsabilidad vuelve a ser del entrenador, que continúa tardando demasiado en realizar cambios que parecen evidentes.
Por cierto, es una vergüenza que un jugador como Espí tenga que jugar habitualmente los últimos cinco minutos de cada partido. Desde el primer momento no me creí el discurso de Mourinho cuando aseguró que jugarían aquellos que estuvieran mejor y lo demostraran en los entrenamientos. Hay intocables, y se ha visto desde el minuto uno.
El problema es el juego
Sobre el juego, poco hay que añadir que no se haya dicho ya. El Real Madrid no funciona como un equipo. No hay una estructura sólida, no hay continuidad en la presión y tampoco se percibe una idea colectiva clara.
Hoy, además, el Elche ganó la posesión en un partido en el que el conjunto blanco, por presupuesto y plantilla, debería haber impuesto su superioridad. Sin embargo, el Madrid solo realizó un disparo a puerta más que su rival —cuatro—, pese a generar más de veinte oportunidades de gol.
También vuelve a aparecer un problema que ya señalé en el encuentro ante el Betis: la falta de calidad y precisión en el último remate. El equipo llega, pero no define. Y cuando consigue marcar, en demasiadas ocasiones depende de una acción individual o de la aparición de un futbolista concreto.
Cambios y soluciones, ya
Hacen falta cambios y soluciones inmediatas. No hay tiempo que perder ni motivos para seguir esperando. La temporada acaba de comenzar, pero las señales son demasiado preocupantes como para ignorarlas.
Si existe una solución, debe aplicarse ya. Porque, si el Real Madrid continúa por este camino, la Liga podría quedar prácticamente perdida mucho antes de diciembre.
