El once del Real Madrid en el Metropolítano I Foto: Real Madrid
La agricultura enseña que una mala cosecha rara vez es culpa del clima, sino de la previsión del agricultor. El Real Madrid parece haber olvidado esa máxima. En estos últimos años, tras la salida de Kroos y Modrić, el club decidió dejar parcelas sin sembrar, asumiendo que lo que había en el granero alcanzaría para reinar otra temporada mas. Hoy, la falta de alternativas y el juego plano y previsible del conjunto de José Mourinho demuestran que el terreno se ha agotado. El futbol no perdona los vacíos, y el madridismo hoy sufre el resultado directo de una siembra incompleta de la mano de una persona: Florentino Pérez.
Ayer, el Metropolitano presenció el fin de un Real Madrid sin ideas. No hay que repetir obviedades, pero esto es algo que no lo va a poder cambiar nadie. El 7 de junio fue un día clave para que el terreno volviera a sembrarse, pero una mayoría de los socios decidió que no se iba a regar. El presidente no miró al futuro, sino que volvió al pasado, concretamente a 2011. Florentino Pérez volvió a recordar ese terreno impecable, cuando su equipo ganaba títulos, aunque sin la cosecha reina, la Champions; por eso decidió que Mourinho volviera a Valdebebas para poner el broche final a su etapa ganando una orejona.
Vivir de los recuerdos no es bueno. Poner parches sin buscar soluciones tampoco arregla nada. Y el Real Madrid es un equipo sin ideas, del primero al último. La principal responsabilidad recae en un presidente que vendió un marco incorrecto a una afición que es demasiado buena, pero que se cansa. El madridismo esta cansado de promesas incumplidas. Te arrebataron tu fichaje estrella, incorporaste a un jugador que quizá no necesitabas y terminaste pagando 120 millones de euros para intentar compensar una planificación deficiente. No reforzaste lo que realmente necesitabas y renovaste a un jugador que ya no quiere ser estrella. Juntaste a futbolistas incompatible, hiciste que el vestuario ardiera y, a día de hoy, nada está resuelto.
El “nuevo Real Madrid” ha durado 30 días
No hay que ser pesimista en la vida, y menos cuando dependes de lo que cosechas para triunfar. Sin embargo, cuando tus rivales trabajan bien el terreno y ves que te quedas atrás porque tu producto ya no tiene el mismo valor, las cosas van mal. La cosecha de verano es la época de mayor abundancia, el momento ideal para almacenar y que no te falte de nada en invierno, algo que los demás sí aprovecharon. Tú, en cambio, decidiste sufrir en la primera jornada hasta el minuto 90 contra el Espanyol, dependiendo de una cosecha como Carlos Espí que ni siquiera tiene minutos en el campo.
A día de hoy, soluciones pocas, pero la agricultura nos enseña que cuando la tierra se agota, tapar los agujeros con parches viejos solo prolonga la agonía. El Real Madrid necesita un saneamiento profundo desde la raíz directiva hasta el banquillo. La primera solución pasa por asumir el fracaso del experimento nostálgico; el terreno actual exige ideas modernas, no recetas caducas. Si el suelo está contaminado por la incompatibilidad de egos en el vestuario, hay que arar de nuevo: sentar a quienes ya no quieren ser estrellas y priorizar a los que estén dispuestos a sudar la camiseta.
La cosecha de este año está perdida
En mi opinión, esta temporada en cuanto a títulos ya ha finalizado. Esperaba que durará un poco mas, pero ni pensando en el parón creo cambiar de opinión. Y lo digo siendo muy del Madrid, pero hay que ser realistas y quiero que el madridismo abra los ojos de una vez. Es hora de asumir que la cosecha de este año está perdida. Hay que recomponer el equipo del primero al último. Esperar que el mercado de invierno sea una salvación es una fantasía; nunca lo ha sido para nadie. Ningún club te venderá sus mejores cosechas cuando se jueguen eliminatorias europeas.
No habrá fertilizante mágico ni fichaje de invierno capaz de solucionar lo que se ha construido mal durante meses. El Real Madrid necesita aceptar que esta cosecha no va a salvarse y empezar a trabajar en la siguiente. Porque el problema ya no es perder un partido. El problema es no saber qué equipo quiere ser.
