Getafe

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El Getafe cayó goleado en su primer partido de Conference en casa ante un Lugano que contó sus ocasiones por goles con una eficacia plena de cara a puerta

El partido entre Getafe y Lugano de Conference League es uno de esos encuentros que nos recuerda por qué el fútbol es el deporte más seguido del mundo. Trepidante, apasionante, disputado, intenso y, sobre todo, con muchos goles. Tres en los primeros diez minutos, ahí es nada.

El Coliseum se vistió de gala para acoger su primer partido de Conference League (obviando la fase previa que se disputó en el feudo azulón) y el ambiente en el municipio del sur de Madrid era inigualable.

Apenas dio tiempo a que la afición local escuchara el himno de competición europea porque, tras el silbido inicial del colegiado, los de José Bordalás materializaron su primera ocasión y abrieron la lata en el minuto 2 de partido. La respuesta visitante no se hizo esperar y en la siguiente jugada igualaron la contienda subiendo las tablas al luminoso.

Podría parecer que, con este inicio de partido, ambos contrincantes darían un paso atrás, optando por guardarse las espaldas, pero nada más lejos de la realidad. El Lugano quiso dar un golpe sobre la mesa, aprovechó la valentía ofensiva del Getafe, castigó a la contra y se hizo dueño y señor del partido con dos goles que inclinaron la balanza considerablemente del lado visitante.

Segunda parte

El paso por vestuarios sentó muy bien a un Getafe que, sin embargo, vio cómo en el partido quedara visto para sentencia en el minuto 50′ con el cuarto tanto de los visitantes.

Los locales, a pesar del duro revés que habían vuelto a recibir, ni mucho menor tiraron la toalla, sintieron el aliento de su afición y lucharon hasta el final dando la cara por los suyos. La fe del conjunto local dio sus frutos y Borja Mayoral recortó distancias en el luminoso. El ex del Real Madrid ejemplificó a la perfección lo que significa ser del Getafe o, al menos, lo que les pide Bordalás: pueden salir o no las cosas, pero la actitud, la entrega y el esfuerzo son innegociables.